Algo habitual en la evolución generacional es que los padres y madres no quieran  que sus hijos e hijas pasen sus mismas dificultades. Si además añadimos que tu hija tiene una discapacidad auditiva (con las implicaciones que conlleva), la probabilidad de que caigas en un estilo de crianza  sobreprotector puede verse aumentada.

Una de las primeras preguntas que debes hacerte es si como muestra de amor hacia ella tratas de evitarle la frustración y de hacer cosas por ella. Esto se traduce en comportamientos del estilo: responder por ella, solucionar sus problemas, no poner límites en casa, llevarle sus pertenencias, organizarle su agenda, etc. (sabiendo que es una persona con capacidad para todo ello). Y no es que esto pase porque seas mala madre, pasa porque existe una percepción errónea de que eso es hacer a los hijos e hijas felices. No obstante, si pensamos un momento en ella como adulta (y eso llegará) la sobreprotección no genera ningún beneficio y en cambio sí que puede afectar a su autoestima personal y a la propia relación familiar.

Si después de leer esto sientes que efectivamente sobreproteges a tu hija, intenta empezar a cambiar cosas, y anota dos acciones en tu mente: mostrar confianza y permitir su autonomía. A partir de aquí:

  • Sé consciente de tus miedos. Date cuenta de las anticipaciones y ayudas que le ofreces por tu sensación de miedo, recuerda que ha nacido para superar retos ¿o no lo hiciste tú? Si prueba y falla aprenderá para la próxima y si acierta, aumentará su motivación y autoestima.
  • Crea oportunidades de avance según su nivel de autonomía, no provoques un cambio radical y repentino que os lleve a discusiones. Aprovecha sus intereses para comenzar a darle más responsabilidades y  la ocasión de sentirse capaz de hacerlo.
  • Escoge momentos sin prisas para fomentar su autonomía, de lo contrario es muy fácil que acabes haciéndolo tú.
  • Aumenta los mensajes positivos hacía su capacidad de esfuerzo «te has esforzado mucho en vestirse» «has puesto mucho interés en ser más educada» «te has concentrado mucho en hacer los deberes» y no te fijes solo en el resultado.
  • Acompáñale en la toma de decisiones y en la resolución de problemas, controla el impulso de intervenir siempre. Prueba con preguntarle a ella ¿cómo puedes solucionar esto que te molesta tanto?

Probablemente ambos os tendréis que enfrentar a miedos, ante esto recuerda: mejor acompañarle hacía el afrontamiento que hacía la evitación de éstos.